martes, 26 de marzo de 2013

La inflación de las amenazas contra la libertad de expresión


”Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas de esas que a veces se nos ocurren a nosotros” – Diosdado Cabello



Esta no es la primera vez que trato temas que se alejan de mi área de experticia; que es la económica, no obstante, frente a la terrible coyuntura que estamos viviendo, y dada a la marcada tendencia que vengo denunciando ya desde hace años, que nos conduce a una profunda crisis económica, política y por ende social. Me siento obligado, ha fijar mi posición y advertir sobre los peligros, además de denunciar responsabilidades sobre quienes les corresponde dar un giro de timón sobre los lineamientos en materia de políticas públicas, me refiero obviamente al gobierno.

El tema de la libertad de expresión, no solo es algo tremendamente preocupante; sino que es un pilar fundamental para sustentar la democracia, y cualquier modelo económico que se base en la libertad de mercado y la igualdad de derechos entre individuos. Esto es algo a lo que siempre le he prestado mucha atención, tocándome de manera más directa y personal desde el momento en que he decidido procurar hacer llegar mis ideas a la mayor cantidad de gente posible, es decir a ser un comunicador.

Al igual que muchos otros fenómenos sociales, la teoría económica nos sirve para estudiarlos y evaluar sus consecuencias; pero antes de continuar deseo anteponer la pregunta que más comúnmente escucho de algunos opositores cuando se habla este tema.

¿Si en Venezuela no hay libertad de expresión, como es que tú puedes estar diciendo todo lo que dices y otros insultar reiteradamente al mismísimo Presidente de la República? La respuesta es que en Venezuela sí existe aún libertad de expresión; de hecho la pérdida absoluta de la libertad de expresión es algo que ni en países como Cuba se ve actualmente, de ahí el fenómeno de los blogs entre otros. El punto está en que el derecho a la libertad de expresión, como muchos otros derechos humanos, en procesos revolucionarios como el que vivimos actualmente en el país no se pierden de facto; sino más bien de manera gradual. La forma más directa en la que se pierde este derecho es por medio de amenazas e intimidaciones, las mismas se pueden dar de forma directa a los que sean voceros o de manera general enmarcadas dentro de discursos. Ambas situaciones están claramente presentes en los actuales momentos, tal y como me lo decía una amiga psicóloga especializada en derechos humanos: “las cosas en Venezuela están dadas para que se inicie un ciclo de violencia y persecución más allá de los personajes públicos”, refiriéndose al hecho de que cualquiera que se declare opositor al gobierno, pudiera no estar exento de sufrir agresiones, sin importar si posee o no un alto nivel de penetración dentro de la opinión.

No han faltado las denuncias, tanto en medios de comunicación, redes sociales, e incluso en la propia Fiscalía, de diversos voceros de oposición  –entre los cuales se incluye este servidor- sobre llamadas y mensajes recibidos, con amenazas, insultos e intimidaciones. Al igual que palabras de muchos personajes del alto gobierno incluyendo al actual Presidente Encargado, Nicolás Maduro, quien por ejemplo, en discurso televisado el día 10 de marzo, luego de la rueda de prensa de Capriles Radonski, llamando al pueblo y a las Fuerza Armada Nacional Bolivariana a “que actúen” en contra de los grupos de oposición, debido a los – según él – insultos que hiciera el hasta entonces gobernador de Miranda.

No obstante, otra de las muy impactantes declaraciones, provinieron del actual presidente de la Asamblea Nacional, el Teniente Diosdado Cabello, quien se supone representa el polo más radical y violento de la revolución, con una altísima vinculación y liderazgo dentro de las Fuerzas Armadas, quien durante un discurso pronunciado en un acto encabezado por Nicolás Maduro en la ciudad de Maracay, señaló: “vamos a seguir la obra de Chávez; así nos cueste la vida, lo vamos hacer. Estamos convencidos de lo que vamos hacer y lo que tenemos que hacer”…  “Yo les digo señores, ustedes tenían que haber rezado mucho para que Chávez siguiera vivo. Señores de la oposición, porque Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas de esas que a veces se nos ocurren a nosotros”… insistiendo: “Señores de la oposición en verdad en esta revolución el cuerdo (prudente) es el presidente Chávez que nos ha enseñado, nosotros hemos tratado de aprender con él. No se metan con un pueblo, no se metan con el que está tranquilo y está quieto”. 

La advertencia es clara y directa al decir que, al no estar Chávez, ellos pudieran tomar medidas extremas de reacción contra sus adversarios, y al decir “no se metan” sugiere explícitamente que guardemos silencio, además la llamada a actuar hecha por Maduro, es una orden clara y directa para que sus seguidores accionen en contra de quienes los adversamos; lo cual  implica una advertencia intimidatoria que pretende coartar la libertad de expresión.

Tal y como lo explique más arriba, el propósito de estas acciones es desestimular a que se emitan opiniones y análisis que contraríen las ideas, tanto de forma como  de fondo de esta revolución. Obviamente el medio para lograrlo está basado en el miedo, tanto de acciones judiciales, medidas económicas, como del peligro de atentados contra la integridad física del ser humano. De esta manera el proceso inflacionario de los ataques contra libertad de expresión, ha venido generando desde modificaciones en las líneas editoriales de periodistas y medios de comunicación, hasta la renuncia de muchos analistas a continuar publicando sus denuncias.

Pese a todo lo aquí expuesto, aún quedamos muchos dispuestos a pagar este cada vez más elevado precio por continuar ejerciendo nuestro derecho a la libertad de expresión.  

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