Pues llegado el día, me senté ansioso a escuchar los lineamientos de
este novedoso sistema que tomó al menos cuatro meses de estudios y debates. Empero,
una vez comenzó la rueda de prensa y transcurrían los minutos, mis oídos no podían
creer lo que escuchaban, conservando hasta el último momento la esperanza de
que les faltara decir algo que resarciera de algún modo lo absurdo de lo que
allí se estaba anunciando, incluso, debido a que cortaron la transmisión anticipadamente,
aún les daba un voto de confianza pensando que lo habrían anunciado en ese
momento. Pero no fue así.
Lo que acabo de describir, aunque lo hago de manera un poco jocosa, es
cierto y es además algo sumamente grave. Prefiero pensar que los encargados de
la Política Cambiaria de nuestro país, no tienen idea de lo que están haciendo,
ya que la alternativa a esto; es que nos están queriendo llevar a un escenario
de mayor escasez e inflación, debido a una crisis de oferta y a un
mantenimiento, o incremento del ya absurdo precio del dólar en el mercado
paralelo. Además de que estarían atentando contra cualquier posible iniciativa
de emprendimiento de pequeños empresarios.
¿Cuáles son las razones para
afirmar lo anterior?
En principio, el mercado paralelo actualmente presenta un terrible
problema de falta de liquidez, algo que obviamente no está supliendo esta nueva
medida, gran parte de la demanda de este mercado está destinada a procurar
ahorros en moneda dura, tanto a empresas como a particulares, otra parte suple
las necesidades de repatriación de capitales de inversionistas extranjeros, y
por último, también es usado para financiar diversas formas de inversión y
gastos fuera de Venezuela, tanto de personas naturales como jurídicas. Y ninguna
de estas actividades está contemplada, por lo que esta demanda deberá seguir
acudiendo a un cada vez más seco mercado negro. Por lo que una continua disminución
en la oferta y una sostenida demanda, aún y cuando este nuevo sistema complementario, en un primer momento pueda generar un cierto alivio sobre la cotización, en el mediano plazo necesariamente seguirán presionando el
precio al alza. Algo verdaderamente terrible y dañino para la economía
nacional.
En segundo lugar, debo aclarar que este nuevo sistema, al igual que
CADIVI, tan solo atenderá a empresas inscritas en el RUSAD, para esta inscripción
las empresas deben tener y mantener al día, una plétora de permisos y solvencias,
un hecho casi imposible para pequeños comerciantes, debido a la enorme
estructura administrativa que esto requiere, además del consecuente incremento
en su estructura de costos. No conforme con esto, las mafias que manejan CADIVI
hacen imposible obtener este registro de forma legal, obligando a todo aquel
que lo requiera a pagar comisiones que fácilmente asciendan a montos cercanos a
los Bs 500.000,°°. No obstante, Giordani ofreció agilizar este proceso y acabar
con estas mafias (una oferta que personalmente dudo mucho que se cumpla). Superada
esta alcabala, viene un problema igualmente complejo, es el hecho de que este
nuevo mecanismo, no tiene un precio fijo, al parecer tiene una base fijada en
6.30Bs/$, y por arriba el precio alcanzará el monto que se acuerde en la subasta.
Es decir, que cuando un empresario necesite comprar mercancía, insumos, o
equipos, no tendrá idea de cuánto le va a costar. Sí, por realmente insólito
que parezca, se pretende que una compañía planifique y hable con sus
proveedores sin saber cuánto deberá erogar, ya que sabrá el precio de los
bienes o servicios en dólares pero no tendrá idea de cuantos bolívares
necesitará para adquirirlos, mucho menos, sabrá cuál será el costo de reposición
de esa mercancía, por lo que la fijación de precios será una suerte de ruleta
rusa. Siguiendo con esto, encontramos el no menos trivial asunto de que la
entidad bancaria le emitirá una carta de crédito al proveedor, y hará efectivo
el pago solo cuando la mercancía haya llegado a Venezuela y luego de su
respectiva fiscalización. Es decir, se pretende que los proveedores de otros
países no solo confíen en el sistema bancario nacional (algo que en la
actualidad ya es un terrible obstáculo, pues no confían) sino que además, deberán
financiar en muchos casos la producción sin recibir adelanto, y despachar, a la
espera de que cuando por fin llegue al destino, y luego de pasar los controles,
no será sino hasta ese entonces que podrán cobrar. Por ejemplo, si llegara a
suceder una coyuntura en los puertos como la ocurrida entre octubre y noviembre,
este proceso podría tomar un par de meses más de lo esperado. ¿Qué clase de
tarado piensa que algún proveedor va a correr estos riesgos?
Ya por último, y para hablar del único alcance positivo que pudiera tener
este disparate, es a lo que me referí en mi artículo: ¿Tendremos una segunda devaluación antes del 14 de abril? (referido
al inicio al inicio de este), en el que explico la problemática que han estado
viviendo las empresas transnacionales que cotizan en el NYSE, bueno pues este
nuevo mecanismo, aunque muy engorroso y poco dinámico, sí viene a ser una
alternativa que les permitirá mantener sus operaciones por un tiempo más.
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