Bajo este escenario se requiere un gobierno de coalición, que busque
acuerdos y conciliación. No obstante para el proclamado vencedor, este es un
asunto casi imposible, debido a que cualquier proceso revolucionario de corte
Marxista, necesita estimular la lucha de clases, este es un requisito
fundamental que se encuentra reseñado por una plétora de autores Marxistas y
Neo-Marxistas.
Meses antes de las elecciones, Venezuela se encontraba entrando en una
etapa de tremendas dificultades de diversas índoles, y la oportunidad que se
nos presentó tras la muerte del presidente Chávez de ir a un nuevo proceso
electoral, pintaban un horizonte de esperanzas, en el que se pudieran dibujar
nuevos lineamientos con el objeto de dar solución al enorme cúmulo de problemas
que amenazan de forma inminente el crecimiento económico y la estabilidad
socio-política de nuestro país.
Debo comenzar destacando que, la victoria de ninguno de los dos
candidatos garantizaba la salida de la crisis per se, sería necesario la adopción de ciertas políticas públicas
urgentes, que de momento brillan por su ausencia. Sin embargo, para no perder
tiempo analizando los posibles escenarios que no pasaron, me centraré en la
coyuntura actual.
Para no caer en este momento en el debate sobre el presunto fraude
electoral, me limitaré a analizar los hechos. Es bien sabido en la política que
el Estado no puede ganar por un margen estrecho dado a que pierde legitimidad. De
hecho, cualquier victoria como esta, con una ventaja minúscula, cercana al 2%, da
evidencia de que no existe un liderazgo fuerte, y advierto, obvio que esta
misma ausencia de un liderazgo contundente se percibiría si se declarara
ganador Henrique Capriles. Bajo este escenario se requiere un gobierno de
coalición, que busque acuerdos y conciliación entre las dos mitades de los ciudadanos
y los líderes que lo representan. No obstante para el proclamado vencedor, este
es un asunto casi imposible, debido a que cualquier proceso revolucionario de
corte Marxista, necesita estimular la lucha de clases, este es un requisito
fundamental que se encuentra reseñado por una plétora de autores Marxistas y
Neo-Marxistas. El otro camino, que sería, tomar una postura más de centro,
sería vista como señal de mayor debilidad dentro de las filas y líderes de la
revolución, para lo cual debería necesariamente contar con un muy fuerte liderazgo
otorgado por el pueblo (como el que tenía Chávez), para poder imponer su
voluntad ante los adversarios o detractores dentro sus propias filas. A esta
trampa –a mi parecer letal- ya Maduro nos ha dado señales de que su respuesta
será seguir los lineamientos radicales, para evitar confrontaciones con ese
grupo de líderes revolucionarios encabezado por Diosdado Cabello.
Para mantenerse en esta línea radical, sin contar con un fuerte liderazgo
y vínculo popular, tendrá que sostener su gestión en el populismo, por lo que será casi
imposible pensar en el corto plazo en una reducción del déficit fiscal, más
allá que la que se deriva de la devaluación. Necesita resolver de manera
inmediata el problema de la escases y la inflación –la acumulada del primer
trimestre de 2013 ascienda a 7,9%, cercana al doble que la del año pasado-, para
lograr esto de forma inmediata requiere de un incremento de la oferta vía
importaciones, y necesariamente contar con el sector privado para tener un
mayor alcance inmediato a diversos sectores. Pero Giordani, quien es el
arquitecto de este modelo, y uno de esos radicales a los que Maduro pudiera
pensar en escuchar dada la problemática planteada, no está de acuerdo con una
mayor apertura en el acceso a las divisas.
La inflación no es problema de los economistas, es un problema de los
pueblos que la padecen, el abastecimiento de dólares en Venezuela, no es un
problema para los burgueses que quieren viajar o sacar sus fortunas lejos del
país, este es un tema de posibilitar o no la oferta de productos y servicios en
una nación en la que se ha llevado casi a la extinción al aparato productivo.
Otros problemas como el suministro de luz o el abastecimiento regular
de agua potable, está también por estallar de manera contundente. En nuestro
país vivimos el fenómeno inédito de haber pasado cerca de tres años en un
prolongado período de lluvia, y no es sino hasta ahora, que ha comenzado
nuevamente la sequía. Esto está provocando mucho mayores problemas en el
suministro del vital líquido, y mayores racionamientos eléctricos, con pronósticos
poco alentadores si la sequía se extiende en condiciones normales, y
devastadores si se prolonga de forma irregular –algo que ya vivimos una vez-.
Adicionalmente existen problemas terribles de largo plazo relacionados
con los cambios en el panorama del mercado energético mundial, y los enormes
retos y amenazas que esto representa para un país absolutamente dependiente de
este recurso. Pero dependiendo de cómo salgamos de esta terrible crisis actual,
determinarán el cómo afrontaremos estos problemas del futuro cercano a los que
aún se les presta poca atención, pese al gran esfuerzo que estamos haciendo
muchos en denunciarlos.
En definitiva, tal y como se muestra la realidad, nos dirigimos a un
periodo de agravamiento de la conflictividad social, generado por una desestimada
situación de desequilibrios macroeconómicos y una profunda crisis de
gobernabilidad, terriblemente mal atendida.

Excelente análisis, solo le añadiría, como profesional del derecho que soy, la pérdida de la credibilidad del sistema judicial y las instituciones públicas. Esta situación agrava el panorama Nacional, debido al estado de total indefensión en el que se encuentran los venezolanos. Todos los Poderes muestran claros aspectos de parcialidad hacia el Gobierno, lo que trae como consecuencia actuaciones que, aunque estén fuera del marco de la Constitución y la leyes, ningún organismo es capaz de contradecir; muy por el contrario lo justifica y apoya. La perspectiva se vislumbra nublada, la caída no solo es libre sino que no existe un colchón que suavice el impacto. Las características del actual gobierno no obedecen a un Estado con lineamientos democráticos.
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