miércoles, 17 de abril de 2013

La tragedia venezolana apenas está comenzando


Bajo este escenario se requiere un gobierno de coalición, que busque acuerdos y conciliación. No obstante para el proclamado vencedor, este es un asunto casi imposible, debido a que cualquier proceso revolucionario de corte Marxista, necesita estimular la lucha de clases, este es un requisito fundamental que se encuentra reseñado por una plétora de autores Marxistas y Neo-Marxistas.



Meses antes de las elecciones, Venezuela se encontraba entrando en una etapa de tremendas dificultades de diversas índoles, y la oportunidad que se nos presentó tras la muerte del presidente Chávez de ir a un nuevo proceso electoral, pintaban un horizonte de esperanzas, en el que se pudieran dibujar nuevos lineamientos con el objeto de dar solución al enorme cúmulo de problemas que amenazan de forma inminente el crecimiento económico y la estabilidad socio-política de nuestro país.

Debo comenzar destacando que, la victoria de ninguno de los dos candidatos garantizaba la salida de la crisis per se, sería necesario la adopción de ciertas políticas públicas urgentes, que de momento brillan por su ausencia. Sin embargo, para no perder tiempo analizando los posibles escenarios que no pasaron, me centraré en la coyuntura actual.

Para no caer en este momento en el debate sobre el presunto fraude electoral, me limitaré a analizar los hechos. Es bien sabido en la política que el Estado no puede ganar por un margen estrecho dado a que pierde legitimidad. De hecho, cualquier victoria como esta, con una ventaja minúscula, cercana al 2%, da evidencia de que no existe un liderazgo fuerte, y advierto, obvio que esta misma ausencia de un liderazgo contundente se percibiría si se declarara ganador Henrique Capriles. Bajo este escenario se requiere un gobierno de coalición, que busque acuerdos y conciliación entre las dos mitades de los ciudadanos y los líderes que lo representan. No obstante para el proclamado vencedor, este es un asunto casi imposible, debido a que cualquier proceso revolucionario de corte Marxista, necesita estimular la lucha de clases, este es un requisito fundamental que se encuentra reseñado por una plétora de autores Marxistas y Neo-Marxistas. El otro camino, que sería, tomar una postura más de centro, sería vista como señal de mayor debilidad dentro de las filas y líderes de la revolución, para lo cual debería necesariamente contar con un muy fuerte liderazgo otorgado por el pueblo (como el que tenía Chávez), para poder imponer su voluntad ante los adversarios o detractores dentro sus propias filas. A esta trampa –a mi parecer letal- ya Maduro nos ha dado señales de que su respuesta será seguir los lineamientos radicales, para evitar confrontaciones con ese grupo de líderes revolucionarios encabezado por Diosdado Cabello.

Para mantenerse en esta línea radical, sin contar con un fuerte liderazgo y vínculo popular, tendrá que sostener su gestión  en el populismo, por lo que será casi imposible pensar en el corto plazo en una reducción del déficit fiscal, más allá que la que se deriva de la devaluación. Necesita resolver de manera inmediata el problema de la escases y la inflación –la acumulada del primer trimestre de 2013 ascienda a 7,9%, cercana al doble que la del año pasado-, para lograr esto de forma inmediata requiere de un incremento de la oferta vía importaciones, y necesariamente contar con el sector privado para tener un mayor alcance inmediato a diversos sectores. Pero Giordani, quien es el arquitecto de este modelo, y uno de esos radicales a los que Maduro pudiera pensar en escuchar dada la problemática planteada, no está de acuerdo con una mayor apertura en el acceso a las divisas.

La inflación no es problema de los economistas, es un problema de los pueblos que la padecen, el abastecimiento de dólares en Venezuela, no es un problema para los burgueses que quieren viajar o sacar sus fortunas lejos del país, este es un tema de posibilitar o no la oferta de productos y servicios en una nación en la que se ha llevado casi a la extinción al aparato productivo.

Otros problemas como el suministro de luz o el abastecimiento regular de agua potable, está también por estallar de manera contundente. En nuestro país vivimos el fenómeno inédito de haber pasado cerca de tres años en un prolongado período de lluvia, y no es sino hasta ahora, que ha comenzado nuevamente la sequía. Esto está provocando mucho mayores problemas en el suministro del vital líquido, y mayores racionamientos eléctricos, con pronósticos poco alentadores si la sequía se extiende en condiciones normales, y devastadores si se prolonga de forma irregular –algo que ya vivimos una vez-.

Adicionalmente existen problemas terribles de largo plazo relacionados con los cambios en el panorama del mercado energético mundial, y los enormes retos y amenazas que esto representa para un país absolutamente dependiente de este recurso. Pero dependiendo de cómo salgamos de esta terrible crisis actual, determinarán el cómo afrontaremos estos problemas del futuro cercano a los que aún se les presta poca atención, pese al gran esfuerzo que estamos haciendo muchos en denunciarlos.

En definitiva, tal y como se muestra la realidad, nos dirigimos a un periodo de agravamiento de la conflictividad social, generado por una desestimada situación de desequilibrios macroeconómicos y una profunda crisis de gobernabilidad, terriblemente mal atendida.

1 comentario:

  1. Excelente análisis, solo le añadiría, como profesional del derecho que soy, la pérdida de la credibilidad del sistema judicial y las instituciones públicas. Esta situación agrava el panorama Nacional, debido al estado de total indefensión en el que se encuentran los venezolanos. Todos los Poderes muestran claros aspectos de parcialidad hacia el Gobierno, lo que trae como consecuencia actuaciones que, aunque estén fuera del marco de la Constitución y la leyes, ningún organismo es capaz de contradecir; muy por el contrario lo justifica y apoya. La perspectiva se vislumbra nublada, la caída no solo es libre sino que no existe un colchón que suavice el impacto. Las características del actual gobierno no obedecen a un Estado con lineamientos democráticos.

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