domingo, 7 de abril de 2013

Lo injusto de la “Justicia Social” revolucionaria




Como bien lo repitiera una plétora de veces el difunto presidente Chávez, una de los objetivos primarios de la Revolución Bolivariana, era brindar “justicia social” al pueblo de venezolano. Pero no solo esto, sino que además lo advierten como uno de los logros que se han alcanzando.

El problema cuando se habla de Justicia, desde una acepción distinta a la referida al marco legal, sucede cuando se maneja el fundamento cultural que “se basa en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo, y otros aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre Personas”. El problema con esto es que conlleva una serie de intríngulis que lo hacen supremamente complicado en la práctica social. El primero que mencionaré, se refiere a cuando pensamos ¿es justo para quién? Debido a que necesariamente se considera que una persona o grupo de personas está siendo injusto con otro. El argumento se basa en el hecho de que al intervenir para modificar alguna forma de relación ¿se puede ser justo con ambos grupos involucrados? El siguiente problema se manifiesta cuando indagamos sobre bajo qué criterio, en qué ámbito y cuál va a ser el alcance de esa intervención en la dinámica social, para promover la justicia y corregir los desequilibrios. Reflexionemos todo esto en nuestro contexto de país.

Para comenzar mencionaré las dos principales condiciones de injusticia que la revolución pretendía atacar: La primera, referida a marginación sufrida por esa importante parte de la población que habitan los barrios, engendrados como forma de organización (centro-periferia) útil a un modelo de capitalismo primitivo, la cual una vez desarrollada la revolución tecnológica, perdió vigencia, no obstante los gobiernos dieron la espalda a este problema; dificultando la integración de estos grupos a los nuevos modelos productivos, lo que les impedía alcanzar niveles deseados de bienestar social, y tan solo atendiéndolos para pedirles sus sufragios con promesas populistas y poco factibles de cumplir. El otro, se refiere a la forma originaria de organización del modelo productivo capitalista; que plantea una relación de explotación, debido a la apropiación de la plusvalía.

Para combatir la primera, necesariamente tenemos que abordar los temas de capacitación, “no le des un pescado, enséñalo a pescar” y yo agregaría: Enséñalo a ser un magnifico pescador. Esto es como lo ha prometido el candidato Henrique Capriles: “una revolución educativa”. Sin embargo, por ahora lo que se ha hecho es utilizar la renta petrolera para dar ayudas o dádivas, a subsidiar los problemas diarios y, entre otras, regalar casas. Existe algo que se llama justicia intergeneracional, basado en que la riqueza petrolera de Venezuela, debe ser aprovechada por todos los venezolanos, y tenemos la obligación de invertir ese recurso para garantizar niveles de riqueza equivalentes a generaciones futuras. Noruega por ejemplo además de inversiones en activos, políticas de progreso y desarrollo, mantiene lo que ellos llaman un “Fondo Intergeneracional” para garantizar este tipo de justicia. Cabría preguntarse si estamos siendo justos con las futuras generaciones generando un gasto público de la magnitud que ha hecho este gobierno. Por ejemplo, el problema del empleo informal radica –entre otros muchos factores- en este mismo problema educativo.

Aunque en Venezuela se aplicaran políticas económicas adecuadas y se alcanzara un elevado desarrollo del aparato productivo, el grueso de los que hoy participan en este comercio informal, no estarían capacitados para obtener cargos de nivel en estas hipotéticas empresas. Igualmente las políticas de inclusión a las personas con discapacidad. En el caso que me ocupa a mí como deficiente visual, les puede decir que tan solo se consideran programas de formación esencial en oficios de subsistencia. Yo soy Economista con postgrado en Live Coaching, esperaría apoyo  para hacer una maestría y luego un PHD. En síntesis, las políticas están lejos de promover la excelencia, de incentivar la productividad. El mismo Marx proyectaba que los primero países en pasar al socialismo serian Alemania e Inglaterra, y calificaba al comunismo como “el reino de la abundancia”, él lo veía como una sociedad tremendamente productiva y avanzada tecnológicamente, con ciudadanos intelectuales y afinadamente preparados, que no requerirían de un contrato social con un estado que los organizase, es decir, algo exageradamente  lejos de lo que somos – tal vez en mil o dos mil años, si aún tenemos planeta-.

El segundo, y aún muy vinculado al primero, nos lleva a cuestionarnos si es “justo” que sustentados en esta idea, se utilicen las expropiaciones, confiscaciones, generando condiciones adversa, ejerciendo severas medidas de control, con el objeto de acabar con la empresa privada. ¿Es eso justo para los empresarios y sus familias?, ¿es justo para los empleados que pierden su fuente de empleo?, tan solo para implantar teórico que bien a demostrado en la práctica que no funciona, debido a las limitaciones evolutivas del ser humano como ser social.

Lo cierto es que sí se promovieran condiciones que permitan un mercado maduro, sí se inculcarán valores de ética y honestidad, es posible alcanzar un estadio económico que le otorgue a todo aquel que ostente un empleo productivo -sin importar el nivel de este- de recibir una compensación que le permita vivir de forma digna, y con comodidad. Es decir: “la máxima suma de felicidad posible”. En Australia, por ejemplo, no se levantan revueltas sociales por el hecho de que una minoría de la población sea inmensamente millonaria, pues ellos generan los trabajos que le permite a muchos de esas mayoría restante ostentar una excelente calidad de vida.      

1 comentario:

  1. Muy bueno el artículo. Coincido con que es necesario reformar la educación y buscar la excelencia en ello. Tal sería uno de los pasos a dar para de tener una economía rentista. A parte de eso, sería deseable generar todas las condiciones para explotar otras actividades y recursos en nuestro país como el hierro, la bauxita, el turismo, el cacao, entre otros.

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