Venezuela atraviesa en estos momentos uno de las etapas más difíciles
de su historia contemporánea, y todo esto sucede mientras el resto de la región
latinoamericana, vive un período de bienestar, crecimiento y estabilidad. Y lo
que hace este momento particularmente difícil, es el hecho de que no se avizora
una salida factible en el horizonte cercano.
Tal y como yo lo interpreto, todo este descalabro, tiene su génesis en
la muerte del presidente Chávez, y no precisamente por el hecho per se. La situación es que, Giordani, a
la cabeza de los intelectuales radicales tenía proyectado una serie de medidas
extremas para este año, que requerían como condición necesaria, un sólido y
poderoso liderazgo tanto a lo interno del partido, como en el ámbito popular.
Por esto se produce la devaluación oficial, y el cierre del SITME, al parecer
sin conciencia de los acontecimientos que sobrevendrían, y que marcan el
comienzo de la situación catastrófica en la que nos estamos sumergiendo.
El líder opositor Henrique Capriles y el resto de las organizaciones y
personajes que lo acompañan, han declarado su posición inflexible, de no
descansar hasta tanto se les permita verificar los resultados emitidos por el
CNE, motivado por un cúmulo importante de irregularidades presentadas públicamente.
Empero, la Rectora Lucena, ha advertido que este proceso tal y como lo plantean
está fuera de lo normado para un proceso de verificación
ciudadana. En este sentido, la salida pareciera estar en el TSJ, no
obstante ya la nombrada rectora adelantó decisión, diciendo que esas pruebas
eran fatuas e inconsistentes.
Sin ser jurista, y tan solo utilizando el sentido común, pareciera
obvio -como de hecho es obligación hacer en cualquier investigación- que prive
el principio de exhaustividad. Si tan solo existen tres elementos principales
de verificación (actas, comprobantes y cuadernos), ¿qué sentido tiene excluir
uno de estos en un proceso de revisión profunda como el que solicita el bloque
de la Unidad Democrática? Pues ya veremos la respuesta del TSJ en su Sala
Electoral a este respecto.
Lo espeluznante de todo esto es que mientras tanto el país se
encuentra parcialmente detenido, la crisis política que implica la pérdida
abrumadora de más de un millón de simpatizantes del PSUV en poco más de un
mes, y de la consecuente falta de
liderazgo sólido que significa una muy cuestionada victoria, con un margen de
ventaja de apenas 1,49 puntos básicos. Colocan al proclamado Maduro en una
situación muy complicada con un estrechísimo margen de maniobrabilidad, moviéndose
entre el pragmatismo junto con la conciliación necesaria y el radicalismo
adherido a la visión única de planificación centralizada del estado.
Claro está, que mientras no se resuelva ese juego absolutamente
trancado, y los líderes oficialistas y actuales funcionarios públicos, estén más
pendientes del tema político gatillado por su evidente afiliación al poder, les
será muy difícil estar atentos de la terrible crisis económica y social que
atravesamos. Por esta razón, no me extraña seguir viendo grandes anuncios de
medidas que no se concretan, y aparentes esfuerzos contrahechos que procuren la
adecuación de políticas sin mayor éxito.
No obstante los ciudadanos, no podemos seguir siendo ajenos a esta
problemática, es imperante que no caigamos en desánimo, y que hagamos todo
aquello que esté a nuestro alcance para hacer presión y exigir que los
hacedores de política no permitan que lleguemos a situaciones indeseables para
todos. Esto nos está y nos va a seguir afectando a todos, estamos hablando de
nuestras vidas y nuestro futuro, no es aceptable la apatía y la indiferencia.
Si aún no lo has hecho, toma las riendas y has valer tus derechos cívicos,
despierta y actúa.





